"Alberto Fernández, una señal de apertura y el maíz en consolidación"
Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 11 de julio de 2020
La inauguración del nuevo puerto de ACA, con la “bendición” presidencial, sugiere un cambio de actitud del Gobierno a favor de la exportación, y el cultivo lo agradece.

El gobernador santafesino, Omar Perotti, en el centro de la comitiva que recorrió las instalaciones del nuevo puero de ACA. El presidente Alberto Fernández estuvo presente de forma virtual.
Estábamos a pleno con el armado de esta gran suplemento dedicado al maíz, cuando nos sorprendió una noticia cargada de simbolismos: la habilitación del imponente puerto de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) en Timbúes. Una obra que costó 140 millones de dólares, que precisamente viene a fortalecer de modo sustancial la logística del maíz, el cultivo que más está creciendo en la Argentina y que ya superó, esta campaña, al volumen de la emblemática soja.
El primer hecho que conviene destacar es que el gobierno fue quien apuró el trámite y quien convirtió esta habilitación, de hecho, en una “inauguración”. Y con una sugestiva pompa que subraya, con gruesos trazos de evidencias, la intención de mostrar algo diferente a lo que se había instalado como tendencia. En varios planos. RepasemosQuien estuvo en persona fue el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti. Hace apenas dos semanas fue quien negoció con el presidente Alberto Fernández un giro en el tema Vicentín. El presidente había anunciado, en una aciaga conferencia de prensa, que iba a expropiar la empresa santafesina. Una concesión a la línea más dura del cristinismo, que le impuso la idea de la intervención y el envío de un proyecto de ley de estatización al Congreso. Fernández aceptó la idea del gobernador, pero los medios lo tomaron como un “plan B”, que si fracasaba, daría lugar a la expropiación. Una especie de “arréglate solo”, mientras el coro de la izquierda presionaba para ir a más: estatizar todo el comercio de granos, incluyendo la infraestructura portuaria.
"El campo y Cristina Kirchner: de una solución, un problema"
Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 27 de junio de 2020
Ante las dificultades por la pandemia, la agroindustria superó obstáculos, y funciona, una vez más. Pero la ex presidenta se empeña en tensar la cuerda al borde del abismo.

El kirchnerismo se empeña en enervar con su proyecto estatista de Vicentin. Foto: JUAN JOSE GARCIA
Marcelo Munigurria, el recordado dirigente ruralista devenido en político, que llegó a ser vicegobernador de Sante Fé (además de socio de Messi en un emprendimiento inmobiliario con su campo al sur de Rosario), solía repetir: “un argentino es ese ser que cuando tiene una solución, se inventa un problema”.
Su sentencia aplica perfecto en este momento aciago, donde tendríamos que estar viendo cómo el agro está del lado bueno del mostrador, en el medio de un problema fenomenal como la pandemia. Si hubo algo que necesitábamos que funcionase era el campo, por su doble función: proveer de alimentos a la población (encima, pauperizada por la cadena de éxitos económicos y políticos de las últimas décadas), y generar un núcleo duro de divisas genuinas para tener alguna esperanza de recuperación.
"Vicentín: ideas para gambetear el abismo"
Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 20 de junio de 2020
Con YPF Agro como jugador clave, asoman opciones interesantes para el “salvataje” de la agroexportadora y sus acreedores.
La planta de Renova en Timbúes cuenta con una capacidad diaria de molienda de 20.000 toneladas de soja en dos líneas de producción. La soja termina en biodiesel. El accionista principal es Glencore, que quisiera tomar la parte de Vicentín, pero el gobierno no quiere “extranjerización”.
Hace casi un año el título de esta editorial fue “La Vaca Muerta, la Vaca Viva y el Venado Tuerto”. Para más precisión, fue el 29 de junio de 2019. En la columna, remarcaba que la potente ciudad del sur de Santa Fé, protagonista central de la Segunda Revolución de las Pampas, era el buje que articulaba las dos Argentinas emergentes: la agroindustrial y la del shale gas.
Es que visitando el Parque Industrial de Venado Tuerto, me encontré con varias empresas que además de producir maquinaria agrícola (para la Vaca Viva), de pronto se habían lanzado a fabricar equipos necesarios para la logística del yacimiento neuquino, devenido en la gran esperanza. Desde acoplados para llevar arena de Gualeguay a Añelo, hasta viviendas prefabricadas para los pueblos que crecían al calor de la nueva quimera.
"Si se avanza en la idea de expropiación, el voto de la sociedad no será positivo"
Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 13 de junio de 2020
El Gobierno de Alberto Fernández corre el riesgo de tropezar con la misma piedra que en 2008.

Protesta en Avellaneda Santa fe en contra de la expropiación de Vicentin. (Foto: Juan Jose Garcia)
¿Será nomás que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra? En estos tiempos conviene ser inclusivos: no es solo el hombre, es también la mujer. Lo peor es cuando lo hacen en tándem.
El presidente Alberto Fernández era jefe de Gabinete del flamante gobierno de Cristina Kirchner, en marzo de 2008. Había asumido en diciembre del 2007, y con la mesa servida. Su antecesor, a la sazón su marido, había subido las retenciones a la soja del 27 al 35%. Los chacareros rumiaron su bronca pero digirieron la medida. Los precios dejaban todavía un margen razonable.
Pero la presidenta se dejó llevar por el canto de sirenas de sus noveles acompañantes en la gestión. Las retenciones móviles parecían un hallazgo maravilloso, que permitirían capturar prácticamente toda la renta derivada de la continua mejora de los precios internacionales. El mismísimo Alberto Fernández, dice la leyenda, dudó. Le preguntó al ministro de Economía (ideólogo de la propuesta) Martín Lousteau: “¿no va a haber lío?”. Le dieron todas las tranquilidades del caso. Fueron para adelante, sin evaluar que los contrarios también juegan.
El resto es historia conocida. Tres meses después sufrían la derrota en el Congreso, tras someter al país a un enorme conflicto. Fue el principio de la derrota que sufriría CFK en las elecciones del 2015, habiéndose comido la caja, con el Banco Central sin reservas, cepo cambiario y festival de ventas de dólar futuro.Ahora la situación era diametralmente opuesta. Pero igual en su primer medida de gobierno, sacan por ley un aumento de las retenciones para la soja y las vuelven a imponer para los cereales (maíz y trigo). Hubo conato de conflicto, pero la dirigencia actuó disciplinadamente: ahora las retenciones son ley. Habrá que dar batalla para que otra ley las remueva, o las convierta en otra cosa. Pero todo pendía de un hilo delgado.En eso estábamos. Y estábamos en algo más. Vicentín, una empresa en la que confiaban prácticamente todos los productores, acopios, corredores, etc (por eso le entregaban mercadería con precios a fijar) y operaba como un banco –con mucha agilidad y mayor agresividad: siempre pagaba un peso más que la competencia--, entró en cesación de pagos. La crisis fue enorme, un listado de 60 páginas con casi 3000 acreedores. La mayor parte, de la provincia de Santa Fe, pero con esquirlas por toda la pampa gringa.Por supuesto, de inmediato todos se abocaron a encontrar una solución. Había varias alternativas avanzadas. Lo más público era la propuesta de un conocido agente comercial, que apuntaba a juntarle la cabeza a todos los afectados del sector granario. Se supo también de una propuesta de un fondo de inversión, al que se había sumado el empresario José Luis Manzano. Estaba latente la compra de algunos activos por parte de Glencore (socia en varios negocios). También se negociaba con ACA (la Asociación de Cooperativas Argentinas), principal acreedor privado, con acreencias por 90 millones de dólares. Es la gran originadora de granos del país. Y ahora se supo que los directivos de Vicentín estaban conversando con YPF Agro.
"Ingeniería, medio ambiente, inocuidad y periodismo: hay mucho que celebrar"
Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín del 6 de junio del 2020
Por estos días se conmemoran fechas que sirven para revalidar la evolución del agro argentino, el más sustentable del mundo.

Con un 90 por ciento de la superficie sembrada bajo siembra directa, en Argentina se hace la agricultura con mejor huella de carbono del mundo
El calendario me explotó en el teclado. Hoy se celebran los 150 años de la Ingeniería. Ayer fue el Día Mundial del Medio Ambiente. Y mañana es el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, coincidiendo con el Día del Periodista. Todo tiene que ver con todo. Allá voy, pasen y lean.
El 6 de junio de 1870 egresaba el primer ingeniero argentino, Luis A. Huergo. A la sazón, mi bisabuelo. Una generación que diseñó y construyó la infraestructura de un país que se hizo viable y potente mirando al mundo. Su obra más conocida es el puerto de Buenos Aires en Dársena Norte, donde está la terminal donde atracan los cruceros de ultramar. Pero su verdadera pasión era la infraestructura que necesitaba el país de la primera Revolución de las Pampas. Desde las vías navegables y conexiones con el interior, con su proyecto de canalización desde la desembocadura del Carcarañá, en Timbúes, hasta más allá de la ciudad de Córdoba. También los ferrocarriles con sus redes troncales, para llevar los productos del país a los mercados del mundo.Ahora estamos viviendo la Segunda Revolución de las Pampas, donde el atributo central es la conquista tecnológica. Una epopeya de dimensión mundial, que está inaugurando una nueva era en la forma de producir alimentos. Acá, trenzados en tribulaciones insensatas, hemos perdido la noción de lo que se viene construyendo desde hace tres décadas, cuando eclosionó la siembra directa. Una enorme concentración de masa crítica (encefálica) dio lugar a la agricultura más sustentable del mundo. Nadie produce tantas toneladas por unidad de energía consumida en el proceso. Es la agricultura de mejor huella de carbono. De la mejor relación insumo/producto. Con menor dotación de capital, gracias a la eficiencia de los equipos y el modelo organizacional, con contratistas especializados que le sacan el jugo a cada kilo de fierro y cada litro de gasoil.Por eso en esta columna celebramos el Día del Medio Ambiente, saliendo al cruce de las muletillas ideologizadas que distorsionan, con fluidez e ignorancia, la esencia profundamente regenerativa de nuestra forma de producir. Los suelos del mundo han perdido materia orgánica, carbono que pasó de la tierra a la atmósfera. En la Argentina, con el 90% bajo siembra directa, el proceso se ha invertido. Nuestros suelos están secuestrando carbono. Nuestros alimentos son reconocidamente sanos y saludables por los habitantes de 130 países y 40 millones de argentinos.
Aprendimos a reponer nutrientes. Aprendimos a utilizar con inteligencia las herramientas químicas. Herbicidas en lugar de implementos de tortura de los suelos para eliminar los yuyos, degradando la materia orgánica en las carpidas. Y ahora estamos ingresando en la era del “siempre verde”, de la “fotosíntesis permanente”, consagrada por Aapresid en noviembre pasado al cumplir sus primeros 30 años. La de la Agricultura Certificada, la de los Municipios Verdes, con el que acaba de galardonar a Monte Buey el instituto IRAM.
"La magia del agua: Perú convierte el desierto en un oasis"
Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 30 de mayo del 2020
Con una obra monumental, desviaron el curso de un río para irrigar un arenal tropical y transformarlo en una pujante zona productiva que ya emplea a 3.000 personas.

Para quienes tenemos el hábito de conmovernos con las grandes epopeyas agrícolas, quiero compartir esto que está sucediendo ahora en Perú. En pleno desierto, 800 km al norte de la ciudad de Lima, entre el mar y la cordillera y casi a la altura del ecuador (paralelo 6°) se está convirtiendo un inmenso arenal inerte en un oasis donde pululan los círculos verdes. Y también los cuadrados. La magia del agua.Pero el “Proyecto Olmos” no fue magia. Con epicentro en Lambayeque, ya tomó vuelo una ambiciosa e imaginativa iniciativa que se desencadenó hace apenas cinco años. Lo que se hizo es, básicamente, desviar las aguas del río Huantabanda, que arranca en la Cordillera de los Andes y pertenece a la cuenca del Marañón, (que a su vez desemboca en el Amazonas, corriendo de oeste a este). Se hizo una represa para acumular agua durante la época de lluvias. Y se cavó un túnel a 2.000 metros de profundidad a través de la montaña, para cambiar el rumbo del agua.

El arenal tropical entre el mar y la cordillera, se transformó en un bergel.
Luego, un canal de 20 km vierte el agua en el río Olmos, que pone rumbo al oeste, hacia el Pacífico. En su estado natural, este río llevaba agua de lluvia un par de meses por año. Diez meses permanecía seco. Ahora tiene caudal todo el año.
Este río colecta el agua y la lleva a una bocatoma donde se desvía y recorre 75 km de canales a cielo abierto, de cemento en V, hasta llegar a la represa de Palo Verde. Es un gigantesco tajamar en las alturas, desde donde el agua se conduce por gravedad a un valle de 30.000 hectáreas. Ese es el valle donde nacieron las Tierras Nuevas.

La palta Hass es otro de los productos cultivados especialmente para la exportación.
Ahí hay 15 empresas, entre extranjeras y peruanas, que apostaron al proyecto. En una de ellas el gerente es un ingeniero agrónomo argentino, Marcos Pincemín, deslumbrado por el potencial del desierto tropical, “donde el día dura doce horas todos los días del año, las temperaturas mínimas son de 12 grados y las máximas en verano de 36°; pero en invierno las mínimas son de 6 y las máximas de 28. En estas condiciones, todo crece haciendo ruido…” Marcos tiene 41 años. Cuando terminó su carrera en la UBA en el 2005 se fue a vivir a Posadas, trabajando en la actividad forestal, en cultivos intensivos y en sistemas silvopastoriles. Allí se vinculó con una compañía extranjera involucrada con la stevia. Pero la empresa se retiró cuando llegó la ley de extranjerización de la tierra. Entonces se fueron a Perú y lo convocaron para ofrecerle la gerencia agrícola.

Marcos Pincemín, ingeniero agrónomo argentino al que convocaron en 2014
Allí llegó en 2014. “En estos seis años llevamos plantadas 700 hectáreas de palta Fas, 300 de uva de mesa seedless (sin semilla) y 150 de arándanos convencionales y otras 100 de orgánicos”, cuenta. Además están ensayando con kiwi, cacao, banano, frambuesa y toda una parafernalia de alternativas corriendo por la cañería.
“La verdad que no tenía mucha experiencia en regar en el desierto. Cuando llegué, me pareció como demasiado desafiante. Pero de pronto me veo manejando una estructura de 3.000 personas todo el año, toda gente local que viene de pueblos a la redonda. El proyecto tiene un impacto económico y social enorme en la región”, sostiene. Entre todas las empresas, ya trabajan 30.000 personas en forma directa.
Se está construyendo una infraestructura tremenda, incluyendo una ciudad que ocupa 700 hectáreas del desierto, con cloacas, electrificación, agua potable. Se va a licitar la construcción de viviendas, un sector industrial, shopping, etc. Es una iniciativa público-privada. La inversión en el sistema de captación del agua y el riego la hicieron entre la empresa brasileña Odebrecht (70%) y el gobierno peruano (30%). Costó 300 millones de dólares.

El clima y el ambiente permiten avanzar muy rápido, los arándanos tardan sólo un año en estar en producción.
Después vino la inversión de las empresas productivas, entre las que está el grupo peruano Gloria, que tiene intereses también en la Argentina. Aquí explotaban un ingenio azucarero pero se retiraron, agotados por los conflictos gremiales. En el Proyecto Olmos tienen 11.800 hectáreas de caña, todo con riego por pivotes, y han levantado un ingenio de última generación.










