"Pasos en la buena dirección"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 17 de febrero de 2018

El Gobierno avanzó con una medida estratégica para la industria forestal: la aprobación de los bitrenes, que reducen los costos logísticos.

Hay dos sectores de la agroindustria a los que el presidente Mauricio Macri les asigna un papel fundamental: la carne vacuna y la cadena forestal. Los ha convocado con inusual frecuencia, pasó revista a los avances alcanzados y dio claras órdenes a sus funcionarios para que ejecuten las decisiones que surgían de esos debates y planteos. Y ya se ven algunos resultados alentadores.

En el caso de la cadena forestal, un hecho de gran trascendencia fue la autorización a los bitrenes. Una necesidad logística que va mucho más allá del transporte de rollizos y madera: toda la economía, pero en particular todo el agro, se beneficiarán con esta medida.

Los fletes, carísimos en la Argentina en relación con la región, y uno de los factores que más afectan la competitividad, verán una reducción de entre 20% y 40%, según zonas y productos. Hubo demasiada demora, pero ya están empezando a circular, con las precauciones del caso hasta que se disipen los temores que siempre despierta lo nuevo.

Se avanza también en la cuestión de la vivienda de madera, y ya se habla de posibles inversiones de envergadura en la industria de la celulosa, donde perdimos miserablemente el tren respecto a los vecinos.

Las pasteras uruguayas no solo no contaminan, sino que ya explican el 10% de la generación eléctrica, con fuentes renovables, a partir de los residuos de las plantas. Ahorro de combustible fósil, que además es importado (como en la Argentina). Felizmente, ya tenemos en marcha inversiones muy importantes, como la generadora eléctrica de Formosa que operará con biomasa forestal.

En la mesa de la carne, donde la cosa fue más complicada, uno de los temas recurrentes fue la necesidad del control de la faena en negro. Parece mentira que en la era del big data, los drones, los tornos de control numérico y los vehículos autónomos, todavía existiera matanza no registrada y traslado de carne caliente.

Pero todo tiene un límite, y parece que llegó. Desde el primero de marzo regirá la obligación de contar con una caja negra en el cajón de faena.

Más allá del avance que significa, es apenas un primer paso. Hoy el mundo exige mucho más, y los contrarios también juegan. Uruguay ha construido una imagen extraordinaria en China, que ya es por lejos el principal destino de la carne vacuna de la región (entre Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina son largamente los mayores exportadores mundiales).

La clave del éxito uruguayo es la trazabilidad individual y el sistema de registro, donde no se mueve un animal sin guía. Antes de cargar una tropa un veterinario autorizado hace la lectura de la caravana electrónica, se llena la guía que se entrega en la comisaría más cercana, y el proceso continúa en el frigorífico.

El sistema está completamente asimilado por toda la cadena y a nadie se le ocurre andar de noche acompañando un camión de invernada, pagando peajes en las camineras y acordando con algún consignatario marginal a la hora de mandar a faena y hacer desaparecer el cuerpo del delito en esas carnicerías que todavía reciben las medias reses casi balando. Sí, eso existe. Lo veo temprano todas las mañanas en San Telmo, cuando subo por avenida Garay rumbo a Tacuarí.

En Brasil hay carnicerías boutique hasta en las rutas. Carne fresca o congelada empaquetada al vacío. Más recientemente aparecieron en Montevideo. En la Argentina hay algunas, como Cabaña Juramento, que viene directo de frigorífico. Allí no hay sangre, ni delantales sucios ni cuchillos y mesas grasientos.

En China la mayor parte del comercio minorista va vía AliBaba. Por supuesto, va trozada y empaquetada. Amazon compró los supermercados Whole Foods en Estados Unidos. El que avisa no traiciona. Por lo menos dimos el primer paso.

 

"Una ruta, dos fotos"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 10 de febrero de 2018

En el sector del biodiésel, la Argentina es líder global y tiene un enorme potencial en el etanol y en la producción de biogás, a partir de criaderos de cerdos, feedlots y tambos.

Hay una Argentina que se quiere abrir paso. Y otra que se aferra a los métodos del pasado. Un par de imágenes recogidas en la autopista Rosario-Córdoba esta semana lo subrayan con gruesos trazos de evidencias. Un camión mano al puerto piqueteado violentamente, con las boquillas abiertas y la soja derramada. Otro camión, por la mano contraria, llevando hacia el noroeste la enorme pala de un molino eólico.

No le vamos a dedicar más espacio al terrorismo. Es un tema de seguridad y las autoridades van a actuar. Aquí queremos hablar del futuro. Quizá el peor efecto de estos eventos es que nos alejan de las cosas esenciales. Sucedieron varias.

Todo tiene que ver con todo. Esta misma semana, el inefable Elon Musk lanzó el mayor cohete de la historia con destino a Marte. Colocó en órbita un Tesla Roadster, su primer auto eléctrico, y trajo de vuelta los tres cuerpos impulsores. Lindo contraste entre el video del aterrizaje vertical simultáneo de estos gigantescos cilindros, con la de esos fascistas abriendo las boquillas de un camión… Recuperación, reciclado, economía circular. Energía renovable: molino eólico, paneles solares, movilidad eléctrica.

Es el hilo que une a Elon Musk con el agro argentino, que ya ha hecho aportes sustantivos en la materia. Líderes mundiales en biodiésel, enorme potencial en etanol. El biogás. Combinación de ganadería intensiva, más eficiente y menos contaminante, con la producción de bioenergía, recuperación y reciclado de nutrientes. Yanquetruz, el criadero de cerdos de ACA. El tambo de Adecoagro en Christophersen, Bioeléctrica en Rio Cuarto y ahora en Formosa.

Es la fotosíntesis, y se mueve en todos los campos. En un mes tenemos Expoagro, pero en el ínterin hay un torbellino. El viernes que viene se inaugura en Arrecifes una fábrica de pulverizadoras, de la brasileña Jacto. Prontito lo hará su competencia, Stara. Claas anuncia ya sus jornadas de cosecha de forrajes y granos.

Y ayer mismo, Syngenta celebró la adquisición de la operación semillas de Nidera, artífice central del salto tecnológico de los últimos 25 años. Introdujo los híbridos simples de maíz, el girasol híbrido, los trigos baguette. De la mano de dos figuras inolvidables: Eduardo Leguizamón y Francisco Firpo.

Capitanes de un equipo con estrellas como Rodolfo Rossi, introductor de la primera soja RR en la Argentina en 1996. O Arnaldo Vazquez, creador del girasol híbrido y más tarde el girasol IMI, de enorme perspectiva global ya que permite superar problemas de malezas imposibles como el orobanke que pulula en los países de Europa.

Tras la adquisición de toda la operación de Nidera por parte de Cofco, la compañía china de abastecimiento de insumos alimenticios básicos, se generaron dudas sobre el destino de la división semillas. Desde una visión schumpeteriana, podríamos pensar que todo negocio llega a su fin. Pero esto no sonaba a “destrucción creativa”, había mucho hilo en el carretel.

Hace pocos meses se concretó la compra de Syngenta por otra compañía china: ChemChina. La absorción de Nidera semillas por parte de ésta significa un interesante complemento de paletas de producto y la posibilidad de atacar el mercado mundial con genética desarrollada en el país.

Usted dirá: “Todo muy lindo, pero si no llueve este fin de semana…” Es cierto, tiene que llover. Pero hay herramientas, desde la genética (tolerancia a stress, que no admite dilaciones) hasta el riego, cuyo mayor costo es la energía. Bueno, alguien está regando con biodiésel de su propia producción, a menor costo que el gasoil y la luz. Economía circular, fotosíntesis al palo. Alimentos y energía.

 

 

"Hay vida inteligente en la Argentina"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 27 de enero de 2018

El negocio está cambiando. Los precios agrícolas ya no son lo que eran y todos los actores de la cadena, desde los proveedores de insumos hasta las compañías agroindustriales exportadoras, atraviesan un proceso de profunda reestructuración. Esta semana hubo varios hechos que vale la pena repasar, sobre todo porque hay un hilo conductor que vale la pena resaltar: la presencia de altos ejecutivos argentinos, que hoy ocupan posiciones relevantes en algunas de las grandes transnacionales del agronegocio. Veamos.

ADM, con sede en Chicago y plantas de procesamiento de soja y maíz en Estados Unidos y otros países (no en la Argentina) hizo público su deseo de adquirir Bunge Ltd, nada menos.

Bunge cumple este años dos siglos de vida en el mundo global de los alimentos. Primer hecho casual, o no: el CEO mundial de ADM es Juan Luciano, oriundo de San Nicolás. Y uno de los tres nuevos presidentes de Bunge es Raúl Padilla, ahora al frente de la importantísima operación sudamericana de “Sugar & Bioenergy”.

ADM es la única de las grandes corporaciones del rubro que carecía de operaciones industriales en el país. Si se concreta el deal, se hará de plantas de crushing (T6, en joint venture con la nacional AGD), biodiesel y glicerina.

A propósito, hace pocas semanas la empresa anunció una fuerte inversión en una planta nueva de propilen glicol, un insumo fundamental en la industria alimenticia. Hasta ahora se lo obtenía a partir del petróleo. Ahora, se utilizará la glicerina. Bioeconomía en toda la dimensión del concepto: sustitución de petróleo por fuentes renovables de origen biológico. No hay mejor lugar que el cluster sojero de Rosario.

Pero los contrarios también juegan. Había conversaciones avanzadas entre Glencore, otro gigante, y Bunge. El CEO argentino de esta empresa con sede en Suiza es Sergio Gancberg, otro actor relevante a nivel mundial, que se sienta en la mesa chica del management. Veremos qué sucede…

Mientras tanto, otro argentino daba un campanazo tremendo: Gonzalo Ramírez Martiarena, desde hace un par de años CEO mundial de Dreyfus (con 160 años de vida en el trading de granos y otros alimentos) anunciaba la primera operación realizada con la plataforma de block chain.

Es la primera que incorpora la tecnología que permitirá reducir a la mitad el tiempo de procesamiento de un negocio (pasará de dos semanas a una) reduciendo un 80% los costos de transacción.

La plataforma digital involucra también los procesos de intervención oficial, eliminando papeles y trámites. Dreyfus concretó este primer negocio asociado con dos bancos de Países Bajos y uno de Francia.

El trading de básicos agrícolas como los granos, aceites y harinas proteicas se ha hecho extremadamente competitivo, con grandes volúmenes y márgenes pequeños. Exige la reducción de costos y simplificación de procesos. Y, por supuesto, no hay lugar para países donde pululan nichos de corrupción y ejemplares que ensucian y encarecen la actividad.

En estos mismos días, Federico Trucco, CEO de Bioceres, lanzó la oferta pública de acciones de la compañía. Ya lo hizo en la Bolsa de Rosario y ahora se aproxima el momento del lanzamiento del IPO en Nueva York. La empresa ya tiene convenios con varias de las grandes compañías globales de semillas, para sus eventos biotecnológicos desarrollados en su laboratorio de Rosario. Rizobacter, adquirida hace un par de años por Bioceres, está abriendo operaciones en Francia, Kenya y otros países.

En la era de la inteligencia artificial, podemos decir que –más allá de Messi y Ginóbili-- queda vida inteligente en esta cantera inagotable que es la Argentina de la bioeconomía.

"Acuerdo del Grupo AgroEnergía S.A. con Rusia"

Grupo AgroEnergía sella acuerdo con empresa líder rusa

 

Buenos Aires, Argentina (Enero 2018) - La firma Grupo AgroEnergía S.A., distribuidor global de Síntesis Química S.A., anunció un millonario acuerdo con la empresa rusa Agroliga, grupo con presencia en diferentes países del Viejo Continente.

 

Grupo AgroEnergía S.A. selló un contrato por 4,6 millones de dólares con la compañía Agroliga de la Federación Rusa para el abastecimiento de su línea de productos biológicos inoculantes.

“Se trata de un acuerdo para el abastecimiento de nuestra línea de inoculantes Noctin, entre ellos nuestros reconocidos Noctin A, Noctin Amo, Pronoc MULTI y Noctin AZO”, señalaron desde el

Departamento de Comercio Exterior de Síntesis Química S.A..

 

’Agroliga Group’, de acuerdo con la calificación de la revista “Latifundist", es una de las mayores participaciones en el sector agrícola en la Federación Rusa. “Nuestro holding utiliza tecnologías avanzadas destinadas a la producción de cultivos de alta calidad y alto rendimiento, así como equipos modernos y maquinaria agrícola”, expresó un directivo de Agroliga, con sede central en la ciudad de Moscú y presencia en otras naciones europeas.

 

Grupo AgroEnergía S.A., por su parte, es una empresa argentina distribuidora de productos

agroquímicos e inoculantes que comercializa productos de diferentes proveedores, entre ellos Síntesis Química S.A.. Esta última es una compañía con casi 65 años en el mercado internacional

dedicada a la fabricación de especialidades químicas y de productos biológicos para la agricultura.

 

Dir. de Comunicación 

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(+54911) 5387-4695

"Todos los piratas tienen..."

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 06 enero 2018

Canta Serrat: “todos los piratas tienen medio plano de un botín…” En la Argentina, hace tiempo que la política encontró el otro medio plano del botín de la soja. Desde que se reimplantaron los derechos de exportación, durante la crisis del 2002, los sucesivos gobiernos K fueron incrementando las retenciones al principal producto de exportación del país, hasta alcanzar el tope del 35% que rigió entre diciembre del 2007 y diciembre del 2015.

Una de las primeras medidas que anunció Mauricio Macri al asumir la presidencia en aquel momento fue precisamente la reducción de los derechos de exportación de la soja de 35 a 30%, y que continuaría rebajándolas a un ritmo de 5% anual hasta eliminarlas. También exoneró de estos “malos impuestos” –como se cansó de repetir- las de trigo y maíz, que mucho no pesaban en la recaudación. Estaba dando cumplimiento a las promesas de campaña.

Enseguida apareció el coro de expertos, comunicadores y políticos a plantear el tema del “costo fiscal” de la medida. Volvió a escena la perorata sobre “la transferencia de ingresos a los sojeros”. Por eso no tuvo mayor trascendencia ni costo político el default en el que cayó la administración Macri unos meses después, cuando operó sobre parte de la dirigencia para que “le ofrecieran” el sacrificio de mantener las retenciones en el 30% durante el 2017, cuando tendrían que haber bajado al 25%.

En los quince años de vigencia, este “mal impuesto” se llevó en promedio el 30% de la soja producida en el país y exportada.Fueron 700 millones de toneladas, a un precio promedio de 430 dólares la tonelada. Unos 300.000 millones de dólares. El 30% significan 90.000 millones transferidos desde la cadena sojera al resto de la sociedad.

¿Cuánto de esto volvió al clúster? Prácticamente nada. El fondo sojero, una idea maquiavélica ideada por el kirchnerismo para conquistar la voluntad de los gobernadores, generó recursos para su utilización política.

¿Qué hubiera hecho el clúster sojero con esta plata? Bueno, hubiera seguido creciendo, invirtiendo, desarrollado los pueblos y ciudades del interior. Algunos hablan de la teoría del “derrame”. Nosotros hablamos del “efecto difusión”: cuando una actividad crece desde sus bases genuinas y sanas, a medida que se desarrolla, va generando actividad en todo el entorno.

Esa es la esencia del clúster. Si con la poca rentabilidad que quedaba se construyeron desde nuevos criaderos de cerdos, plantas de alimentos, feedlots, plantas de biocombustibles, además del boom de la construcción en ciudades de las provincias sojeras, imaginemos lo que hubiera sucedido con más recursos en manos de los nuevos emprendedores del agro.

Pero vayamos más allá. Imaginemos que –a través de algún mecanismo menos nocivo que las retenciones derivadas a rentas generales—una parte de la renta sojera volvía en obras de infraestructura. Caminos y, en particular, obras hídricas.

Hace unos meses la cuestión del agua y las napas saturadas tuvieron en vilo al 70% de la pampa húmeda. Ahora, más de la mitad (en muchos casos en las mismas regiones) se batalla contra la sequía e incluso contra los incendios.

Con el 10% de la recaudación por retenciones de soja, sería suficiente para hacer el “río interior”, el canal del Salado desde Junín al Atlántico, convirtiendo tierras bajas en campos de gran potencial. La evacuación de Melincué hacia el Paraná, el saneamiento de la cuenca del Río Quinto terminando con el conflicto que afecta a cuatro provincias. Enormes y audaces obras que permitirían no solo regular el agua, sino también aprovecharla para riego.

Ese es el verdadero sacrificio.

 

"Llovió acá y se sintió en el mundo"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 23 de diciembre de 2017"

La cotización de la soja se replegó a nivel mundial por las precipitaciones en la Pampa Húmeda.

Si algo hacía falta para entender la importancia del complejo soja argentino en el concierto global, vale la pena mirar lo que ocurrió en los últimos días. Las lluvias en la pampa húmeda, aunque desparejas, permitieron reanudar la siembra y acomodaron bastante a los cultivos ya implantados, que venían padeciendo la falta de agua. Consecuencia: sensible caída de los precios en Chicago.

No hay ningún otro producto de la economía argentina que genere impacto alguno en el mercado internacional. Y no es un producto cualquiera: en los últimos veinte años, la soja se convirtió en el más dinámico de los commodities agrícolas a nivel global. Así como a veces llega la tormenta perfecta, en este caso nos tocó una lluvia continua de este maná que permitió que la Argentina se convirtiera en un país viable.

A pesar de todo lo que se fue por el caño por mala praxis, contar con demanda consistente para un producto que fluye de la mano del conocimiento chacarero, es una fortaleza envidiable.

Pero no se puede jugar con fuego. Un estudio recién salido del horno, elaborado por la Fundación Mediterránea, demuestra que el poder adquisitivo actual de la soja es el más bajo en quince años. Con el agravante de que el estudio contempló los precios vigentes a noviembre pasado, un 5% por encima de los actuales. La soja a menos de 350 dólares FOB, con retenciones del 30%, arroja números muy finitos.

Entre otras cosas esto explica la retracción de la demanda de bienes de capital (y de consumo) por parte de los productores. Es cierto que queda bastante soja almacenada en los silobolsas.

Los chacareros tienden a pensar que tienen bitcoins en los bolsones, y están en su derecho aunque a veces se equivoquen, como en estas últimas semanas. Pero la realidad es que no encuentran mayores razones para liquidar su moneda de ahorro. Están seguros de que se va a cumplir la reducción de los derechos de exportación, a un ritmo del 0,5% mensual a partir del enero próximo.

Lo ratificó el flamante Ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere. Pero se sabe que en estas cuestiones la decisión no pasa por su área de incumbencias. Las grandes medidas que favorecieron al sector desde la llegada de la administración Macri fueron la salida del cepo y la unificación cambiaria, más la eliminación de las retenciones y restricciones a la exportación de maíz y trigo.

Al Ministerio le tocó la difícil tarea de dar la cara frente a las crisis regionales, conseguir algunos fondos para atender conflictos severos como el de la lechería y algunas frutas, y aliarse al sector azucarero para presionar a Energía con el tema del etanol.

Lo primero que debe esperarse, en consecuencia, es que Etchevehere logre contener el impulso recaudatorio, y sostener o mejorar el ritmo de caída de las retenciones. La tendencia es mala: esta misma semana el gobierno decidió aumentar los derechos de exportación del biodiésel (los llevó de cero a un 8%, lo que quita competitividad a toda la cadena).

Mal momento, porque con precios de la soja en baja, sacar de la cancha al biodiésel argentino significa más aceite en el mercado global ya sobre ofertado. Recordemos que hace quince días la India, el principal comprador, había subido el arancel de importación. Son dos mil millones de dólares en juego.

Más allá del juego macroeconómico, que es el que manda, a Agroindustria le quedan dos tareas fundamentales en la construcción de competitividad: la simplificación (leit motiv de Etchevehere) y la resolución de las tareas pendientes: ley de semillas y abaratamiento de insumos críticos como los fertilizantes. La buena noticia es que ambas están en agenda.

La otra buena noticia es la de siempre: llovió.

 

"Una cadena que el mundo teme y admira"

Editorial del Ing.Arg. Héctor Huergo en Clarín del sábado 16 de diciembre de 2017"

El aumento del arancel del 8%, que definió el Gobierno, deja al biodiésel fuera de combate.

Los dos grandes factores que le dieron sostén a los precios agrícolas, tras décadas de depresión por exceso de oferta, fueron la transición dietética en los países asiáticos, y la irrupción de los biocombustibles. Ambos siguen vigentes, pero…los contrarios también juegan. La Unión Europea y los Estados Unidos quieren sacar a la Argentina de la cancha. Lo están logrando.

Esta semana, el gobierno argentino elevó el arancel del biodiesel a un 8%, con lo que lo deja prácticamente fuera de combate. Ya sabemos: Estados Unidos le metió derechos de importación promedio del 70% (difieren según empresa proveedora), lo que no tiene fundamento alguno.

Solo subrayaba, con grueso trazo de evidencias, que van a cumplir con la promesa de campaña de Donald Trump: llevarse el trabajo a casa. Quedaba el mercado europeo, a duras penas recuperado tras ganar un Panel ante la OMC. Se habían retomado los embarques, con buen ritmo. Pero la UE le impone al bio argentino derechos del orden del 20%.

Eso ya lo ponía contra las cuerdas. Este 8% de retenciones prácticamente lo tira del ring. No es moco de pavo para la cadena sojera.

Conviene insistir en una cuestión clave. Lo más importante es que el mundo siga utilizando biodiesel. En cualquier lado. El efecto del biocombustible es digerir producto agrícola, generando demanda en un mercado que va incrementando la oferta.

El discurso efectista de “alimentos vs. energía” le ha quitado fuerza a esta demanda. Eso fue fogoneado por los dos sectores que recibieron el impacto de la irrupción de los biocombustibles en la gran escena global: la industria alimenticia (que ahora tenía que afrontar mayores costos por la suba de los granos), y la energía convencional, sometida a una competencia inesperada.

El aceite, más que un alimento, es un insumo de la industria alimenticia. Es más rica la papa frita que la papa hervida. Es también más práctica en el “food service”, en particular en las casas de comida rápida que siguen ganando la carrera gastronómica. Cada vez más la gente come afuera de casa, y allí gana la fritanga.

Pero la producción es más fuerte…La expansión de la soja en América y de la palma en el sudeste asiático metieron presión en el mercado del aceite. El biodiesel es una excelente forma de digerir los excedentes.Entonces, que la vieja Europa y los Estados Unidos mantengan sus planes de sustituir gasoil por biodiesel es una buena noticia. De lo contrario, la cotización del aceite caería en picada, afectando la ecuación de la soja.

La mala noticia es que lo quieren hacer ellos. Estados Unidos tiene aceite de sobra. Europa no. Así que van a seguir comprando. La mala noticia para la Argentina, que montó una poderosa industria integrada en los últimos quince años, es que pierde el eslabón final de la cadena de valor.

Convertir aceite en biodiesel significa utilizar un catalizador, el metilato, que es producido ahora en el propio complejo agroindustrial por una compañía alemana, que se instaló hace cinco años. Sustitución de importaciones.

Como subproducto, surge la glicerina de origen renovable (que sustituye a la convencional, de petróleo), donde hoy la Argentina manda a nivel mundial. Se han levantado varias plantas de refinación de glicerina, una molécula muy interesante que está dando lugar a una cascada de productos de alto valor como los bioplásticos. Todo esto está en juego.

También trascendió que la Argentina no va a litigar contra Estados Unidos en la OMC. El gobierno confía en la negociación directa, o directamente le da la razón a Trump abandonando el campo de batalla. Si esto sucede, asistiremos a la primarización de una industria que el mundo teme y admira.

 

"El cerdo, un gran escape"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 9 de octubre de 2017

El nivel de tecnología que utilizan las granjas porcinas permite producir 25 capones terminados por madre cada año.

Uno de los fenómenos más interesantes en la saga del campo es la expansión que están experimentando los cerdos. Como todo proceso, tiene sus idas y vueltas, arranques y retrocesos, controversias varias y cierto regusto plañidero. Pero la realidad es que la nave va. Y podría ir mucho mejor.

El despegue se inició hace diez años, cuando las retenciones capturaban toda la renta y encima arreciaban las restricciones a la exportación de maíz y trigo. El cerdo fue una vía de escape casi indispensable. Yo no eran los pequeños chacareros que intentaban darle valor a su maíz, en el modelo tradicional de 50 chanchas gestando a campo y pariendo en precarios cobertizos.

Lo nuevo eran criaderos bien concebidos, con escala mayor (300 madres para arriba) inversiones fuertes en estructura, galpones, comederos automáticos, piso ranurado, recogida y manejo de los purines, genética, sanidad y manejo.

La cuestión no era tanto el negocio del valor agregado, sino una norma de supervivencia: compensar las pérdidas de la agricultura a través de la conversión de insumos baratos en productos económicamente más viables.

No los unía el amor, sino el espanto. En poco tiempo, se generalizaron índices de productividad comparables a los mejores del mundo. Dos décadas atrás, solo un puñado de criaderos bien concebidos alcanzaba niveles de 25 capones terminados por madre y por año. Unos 3.000 kilos de carne.

Ahora, el que no tiene este piso no se anima a abrir la boca en los profusos encuentros del sector. La dinámica es fenomenal: viajes a Brasil, a Estados Unidos, a Dinamarca, países que estaban un paso adelante. El gap se achicó vertiginosamente.

Ejemplo: esta misma semana, cuando se superponen los cócteles de fin de año y los consabidos balances, una empresa escapó a la regla y lanzó un producto que mejora el peso de los lechones al destete. Medio centenar de productores se trenzaron en la discusión: si convienen madres hiper prolíficas o no tanto, para asegurarse un mayor peso por lechón nacido y más viabilidad.

Si destetar a los 21, a los 28 o a los 26 días. Si los tres meses, tres semanas y tres días típicos de la gestación deben dejarse atrás, porque son 114 días y es mejor llegar a los 116. Este es el nivel de precisión que maneja esta vanguardia, que no es patrulla perdida. Van adelante y crean una succión que arrastra a todos.

La producción creció. Prácticamente, se duplicó en una década. Y ya no están las retenciones como motor. Un buen marketing de las organizaciones del sector permitió que de pronto el cerdo ocupara un lugar impensado en las parrillas domésticas.

Hoy no falta una bondiola, alguna pulpa o el inefable matambre en todo asado dominical. Las ribs, los costeletas, el pechito. Pasamos de un consumo de menos de 5 kg por persona y por año, a los más de 10 actuales.

Algunos se organizaron, incluso, para exportar. Embocaron un par de embarques a Rusia, aprovechando una fisura que dejó Brasil por problemas de papeles. La gran oportunidad, sin embargo, es sustituir el consumo interno de carne vacuna, dejando más saldos exportables de un producto bien reconocido y de extraordinaria reputación en la Unión Europea, como reveló un reciente estudio del IPCVA.

Pero no todas son flores. La competitividad tranqueras adentro se pierde cuando el capón inicia su viaje al frigorífico. Costo argentino, como en todas las actividades, que obliga a operar en todos los frentes. Desde el IVA (hay presión para bajarlo al 10,5%, pero esto afectaría mal a los productores, que acumulan saldos por insumos y servicios que pagan el 21%), hasta ingresos brutos y otras gabelas que estimulan la marginalidad, una de las lacras de todas las cadenas cárnicas.

 

"Día fundacional en Christophersen"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 2 de noviembre de 2017

Esta semana se inauguró el biodigestor en el megatambo de Adecoagro.

El ministro de Agroindustria, Luis Etchevehere, estuvo presente en la inauguración.

Fue un día fundacional. Otro más en la saga fenomenal de la Segunda Revolución de las Pampas. La inauguración de la planta de generación eléctrico en el megatambo de Adecoagro hizo quebrar de emoción no solo a Ernesto Pittaluga, gerente de lechería de la empresa, en el final de su breve discurso. Lagrimeaban hasta el flamante ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, Mariano Bosch, el CEO de Adecoagro, y todo el equipo que había concretado una verdadera ruptura paradigmática en la forma de producir leche en la Argentina.

Yo también lloré. Un sueño convertido en realidad. En realidad, lo que se inauguró fue mucho más que un biodigestor. Se concretó la fase final de un círculo virtuoso, donde cada factor de la producción cumple con una misión específica. La tierra, la mejor tierra del país, en las suaves lomadas de Christophersen --a pocos metros de la famosa Picasa que siempre es mala noticia--, se dedica a la producción del alimento. Fundamentalmente, maíz, para grano y silaje. Pero también avena y trigos para ensilar. De 15 a 20 toneladas de materia seca de alta calidad para alimento de las lecheras.

Y la vaca cumple la función de transformar ese alimento en leche. Para explotar el extraordinario incremento del potencial genético de las vacas Holando, había que darles todo el confort. Empezando por evitar el costo energético y las penurias de los traslados continuos del pasto al tambo. Así, las vacas promedian desde hace un año los 37 litros por día. El doble que la media nacional, que dispone de la misma genética. Convierten un kilo de materia seca en 1,5 litros de leche.

El modelo Adecoagro permitió superar la enorme restricción para avanzar en escala. En Christophersen hay dos tambos de 3500 vacas cada uno. Se ordeñan en sendas calesitas a un ritmo de 500 vacas por hora, tres veces por día. En el país existen grandes productores de leche que desdoblan sus rodeos en varias unidades, y cada una se maneja con el sistema tradicional: un tambero que capitanea todo el manejo, desde el pasto hasta el ordeñe. Siete días por semana, dos veces por día.

Mariano Bosch se empeña en explicar que ellos no están cuestionando otros modelos, que pueden a su juicio ser funcionales. Pero rescata que este sistema les resulta funcional también desde el punto de vista de la organización del trabajo y la calidad de vida de los operadores. Turnos rotativos de ocho horas, la gente vive en el pueblo y unas combis los llevan todos los días al campo. Los niños van a la escuela, al club y socializan con sus amigos, rompiendo la dicotomía entre “los chicos del campo” y los de la ciudad. Una brecha que se disipa.

No hay que boyerear ni arrear las vacas bajo la lluvia, el frío, el calor y el barro. El confort no es tanto para las vacas como para la gente. Todo se controla mejor, desde el parto en el establo, la sacada de celo, la inseminación.

Y un dato clave. Bosch asegura que aún en los peores momentos de la lechería, como los que se vivieron en los últimos años, el sistema fue rentable. Nunca dio números en rojo, a pesar del costo de cualquier curva de aprendizaje. Por supuesto, no pueden darse el lujo de que algo falle. La clave es mantener la producción por encima de los 35 litros por vaca y por día. Están convencidos de que se puede.

Y convencieron a los accionistas, que hoy son miles de inversores. Hace cinco años abrieron su capital en el Nasdaq de Wall Street, donde cotizan bajo la sigla AGRO. Allá valoran no solo los números, sino también el valor de la sustentabilidad. Que incluye lo económico, lo ambiental y también lo social.

 

Cerrando el círculo...

Lechería.  Nota del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 2 de diciembre de 2017

Con la inauguración de su biodigestor en Santa Fe, Adecoagro agrega la producción de energía a partir de estiércol. El cambio de paradigma lechero, hecho realidad.

La firma cerró un acuerdo de venta con el ente eléctrico, Cammesa, por el que tiene que entregar 1,42 megawatt de energía eléctrica por día durante veinte años.

Con la inauguración de su biodigestor, concretada esta semana, el tambo de Adecoagro en Christophersen (sud de Santa Fe) cierra el círculo de la sustentabilidad. Es el eslabón que le faltaba para consolidar un verdadero cambio de paradigma en la producción lechera argentina: alta productividad basada en un modelo de confinamiento completo, recogida del estiércol y su valorización como fuente de energía eléctrica, y deposición final de los efluentes en los lotes de producción de forraje.

Economía 360 en escala. Ya cuentan con 7.000 vacas en ordeñe, que viven estabuladas en inmensos galpones, sobre cama de arena, con ventilación y todos los atributos de confort tanto para los trabajadores como para los animales. En esas condiciones, el potencial lechero de las vacas se expresa a pleno: el año pasado promediaron los 36,7 litros diarios y en lo que va del 2017 están por encima de los 37. Una productividad que duplica la de los siete tambos pastoriles con 1.800 vacas que recibieron en el 2002, cuando Adecoagro inició sus operaciones.

El tambo tiene 7.000 vacas en ordeñe que están totalmente confinadas en galpones. Por vaca, se producen 36 litros de leche.

La visión de Mariano Bosch, quien había salido al mundo a buscar capitales para desarrollar proyectos agropecuarios y agroindustriales, era que existía un “gap” tecnológico.

En el caso de la lechería, se podía actuar en dos frentes: mejorar la productividad forrajera en las fértiles tierras del sud de Santa Fe, y se podía explotar a fondo el potencial genético de las vacas. Para ello, había que independizar las funciones. El campo produce forraje abundante y de calidad. Se lo cosecha y almacena. La vaca convierte este forraje en leche.

El talón de Aquiles era la falta de experiencia en el país, totalmente volcado al paradigma pastoril. Igual, en el 2005 Bosch y su equipo --bajo el mando directo de Ernesto Pittaluga, Gerente de Lechería de la empresa-- tomaron la decisión de armar un primer tambo, de 1.500 vacas, bajo estabulación completa. Salieron al mundo a buscar y aprender. Sabían que iban a pagar un derecho de piso. El peaje más caro fue el del manejo de la bosta.

Adoptaron la cama de arena. Aprendieron a manejarla. Se extrae, se tamiza, se seca. Pero hacía falta tratar el efluente. Ahora está.

Lo cuenta el propio Mariano: “a fines del 2016 hemos participado en el Programa RenovAr Ronda 1, una Convocatoria Abierta Nacional e Internacional de abastecimiento de energía eléctrica renovable bajo la dirección del Ministerio de Energía y Minería de Argentina. Como resultado de haber sido adjudicada nuestra oferta, en marzo de 2017 celebramos un contrato de venta de energía eléctrica renovable con CAMMESA, que nos compromete a entregar a la red 1,42 MW durante los próximos 20 años”.

Calesita: así es el tambo de Adecoagro. Permite un ordeñe rápido.

Tan sólo nueve meses después de haber iniciado la obra en enero 2017, la planta quedó en total funcionamiento, generando el volumen de gas necesario para mantener el generador prendido y produciendo los volúmenes de energía comprometidos, dos meses antes de la fecha límite propuesta.

“Se consolida una solución ambiental y se suma un eslabón más a la captura de valor a partir de la capacidad productiva de los campos de la zona”, agrega Bosch. “Con rotaciones que maximizan el aprovechamiento del recurso suelo y la generación de forrajes de manera sustentable, podemos alimentar de manera eficiente las vacas”.

Luego las heces recogidas del total de las vacas a través de la limpieza de los galpones que se realiza 3 veces por día, es separada de la arena para ingresar al proceso de biodigestión en condiciones controladas. Estas condiciones de un delicado equilibrio entre temperatura, acidez, composición del “digestato” y otras variables, favorecen el desarrollo de bacterias metanogénicas, que son las encargadas de producir metano a partir de la materia orgánica.

La capacidad de procesamiento es de 2 mil metros cúbicos por día de efluente tal cual. Implicó una inversión de 6 millones de dólares y cuenta con una potencia instalada de 1,4 megawatt (MW), con una capacidad de Generación de Energía Eléctrica de 9.000 MWh/año.

“De esta manera –se entusiasma Ernesto Pittaluga-- se agrega un eslabón más en la cadena de aprovechamiento del potencial productivo de los campos, ya que el biodigestor permite valorizar lo que quedó contenido en las heces y no pudo ser aprovechado en el primer proceso digestivo al que fue sometido el alimento dentro del rumen de los animales”.

Por otro lado brinda una solución de altísimo valor ambiental al capturar el metano impidiendo que llegue como tal a la atmósfera, minimizando también la generación de olores.

Pero ahí no termina la historia. Los residuos del proceso de biodigestión tienen un alto poder fertilizante.

Por lo tanto una vez terminado el proceso son separados en tres fases. En la primera etapa se obtiene un biofertilizante sólido de alto valor agronómico que se distribuye con carros dispuestos para tal fin en los lotes. Luego, una segunda etapa de decantación en lagunas impermeabilizadas, donde se genera un material semilíquido que se distribuye con tanques especialmente diseñados para lograr una buena distribución de esta presentación de biofertilizante.

Por último, otra laguna impermeabilizada donde ya el material es totalmente líquido permitiendo incluso bombearlo a través de un pivot de riego, cumpliendo no solo con los requerimientos de irrigación sino que aportando también minerales como una forma líquida de biofertilizante.

De esta manera y utilizando las tres distintas presentaciones de biofertilizantes de modo estratégico dentro de la rotación, termina el circuito de aprovechamiento del recurso suelo, “retroalimentándose para garantizar la sostenibilidad de su potencial productivo que garantiza la producción de forrajes y granos como inicio de la cadena de agregado de valor”.

Además del incremento que esta producción de energía genera por sí misma en nuestro resultado económico, han iniciado los trámites para generar créditos de carbono.

“Obtenerlos no sólo dejaría en evidencia el impacto que tiene este tipo de sistemas sobre la conservación del medio ambiente, sino que generaría un incremento marginal para el ingreso del proyecto”.

En total, desde que arrancaron con el tambo y hasta llegar a las 7.000 vacas actuales en ordeñe, llevan invertidos 50 millones de dólares.

El plan es duplicar, ahora que cerraron el circuito y están consolidados en todos los aspectos del sistema. Y para ello van a invertir otros 60 millones. Lo aprobaron los accionistas, atomizados desde que, hace cinco años, la empresa hizo una emisión de acciones en la bolsa de Nueva York, donde opera con la sigla “AGRO”.

En el tambo de Christophersen cuentan con 150 empleados en forma directa, cifra que se va a duplicar en el 2019.

“Por cada puesto directo, calculamos ente 4 y 5 indirectos, lo que tiene un impacto fenomenal en la zona”, concluyó Bosch.

La clave está en el factor humano

La clave del modelo de Adecoagro es el factor humano. Desde el origen, en 2002, Mariano Bosch lo destaca permanentemente, y no solo es cuestión de su palabra. Siempre que nos recibió lo hizo interactuando con su staff.

Y cada responsable de área lo hace con su propio equipo. En el tambo de Christophersen trabajan 150 personas, en 3 turnos de ocho horas, y cuentan con un servicio de transporte tercerizado que permite que la gente esté buena parte del día en sus hogares o en el pueblo. Esto implica otra ruptura frente a la tradición, lo que implica un gran desafío. Hay tareas que requieren un seguimiento estricto (por ejemplo, “sacar celo” e inseminar) y lograron profesionalizarlo exitosamente. Tanto, que llegaron a dominar el empleo de semen sexado de modo tal que ya lo están implementando no solo en vaquillonas, sino en buena parte del rodeo. Apuntan a un 70% de nacimientos de hembras. Es una tecnología de altísimo impacto para un proyecto de crecimiento, donde el requerimiento de nuevas vacas se hace exponencial.

No todo será crecimiento horizontal, que tampoco se frena en las 14.000 vacas proyectadas para el 2019. Y en la mira está la instalación de una planta de derivados lácteos de alto valor, acorde con las nuevas tendencias del mercado.

 

 

 

"Cadenas, mercados y simplificación"

Editorial del Ing. Agr, Héctor Huergo en Clarín Rural del 25 de noviembre de 2017"

Etchevehere anunció que uno de sus objetivo es hacer más sencilla la gestión de las empresas agropecuarias.

 

Ya está en marcha la nueva etapa del Ministerio de Agroindustria, ahora en manos de Luis Miguel Etchevehere, que abandona así la presidencia de la Sociedad Rural Argentina. En su primer encuentro con la prensa, el flamante ministro estableció los tres puntos centrales de su gestión: el trabajo con las cadenas de productos, la apertura de nuevos mercados, y la simplificación de la gestión de las empresas agropecuarias.

No son proyectos revolucionarios ni conmovedores por lo ambiciosos. Pero sin duda que son desafiantes, sobre todo ante la maraña de intereses y el empeño de la burocracia por justificar su propia esencia reguladora y su supervivencia como especie. Vayamos por partes.

Es una buena señal esta defensa de las cadenas de producto, que sin duda han emergido como una fuerte representación de los sectores más dinámicos en la era de la Segunda Revolución de las Pampas.

En su debut, le tocó sentarse frente a la foresto-industrial, cuyo fenomenal potencial fue trabado por la impericia K y la decisión política de alimentar el conflicto con la pastera Botnia (hoy UPM) en Uruguay.

Etchevehere es entrerriano y aunque no tuvo un rol destacado durante el largo entredicho, ahora se manifestó a favor de la instalación de plantas que procesen la enorme riqueza forestal (actual y potencial) de su provincia y del país. Por supuesto, le llovieron críticas de las fuerzas “progresistas”, que insisten en su planteo ideologizado a pesar de que las pasteras demostraron que no contaminan.

También es una buena señal esta reivindicación de las cadenas. Muchos recuerdan su fuerte entredicho, cinco años atrás, con Gastón Fernández Palma, quien fuera el titular de Maizar, la entidad que coordina a todos los eslabones del maíz, un nodo clave en la cascada de valor.

Disconforme con el buen trato que recibía el sector pollero por parte del gobierno kirchnerista, Etchevehere pateó el tablero. Fernández Palma, médico y productor agropecuario muy reconocido y apreciado, había realizado una gran gestión como presidente de Aapresid, sin duda la entidad más creativa y promotora de los grandes cambios tecnológicos del último cuarto de siglo.

El agua no llegó al río, pero tanto Maizar como las otras entidades de cadena quedaron malquistadas con el ahora ministro. Con estos antecedentes, es lógico que haya provocado sorpresa su súbita reivindicación de las cadenas. En buena hora.

Para la apertura de mercados, le dio continuidad a Marisa Bircher, una funcionaria muy activa y con buenos pergaminos en los dos años de su antecesor Ricardo Buryaile. Se han dado pasos concretos en varios productos y países, notablemente el tema de la carne a China.

Conviene señalar que David Lacroze, a quien se atribuye un rol muy importante moviendo los hilos de la nueva gestión, es quien armó y condujo la policromática mesa de carnes. El propio Macri mantuvo más reuniones con esta mesa que con cualquier otro sector de la economía, lo que revela su convicción acerca de la oportunidad que significa.

Pero al mismo tiempo, se presentan nuevos desafíos de enorme envergadura: la recuperación del mercado de los Estados Unidos para el biodiésel y ahora, la amenaza de la pérdida del mayor mercado para el aceite de soja: la India, que estaría aplicando fuertes derechos de importación de manera inminente. Miles de millones de dólares en juego.

Y ya que hablamos de la soja, conviene recordar una de las definiciones clave del ministro recién ungido: no habrá cambios en el régimen de retenciones. Esto significa que se mantendrá el cronograma de reducción de medio punto por mes, desde el 30% actual, a partir del primero de enero próximo. Etchevehere asume que el frontón del MinAgro es la cuestión fiscal.

 

"La mirada en la góndola"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 11 de noviembre de 2017

La idea de dejar de ser el granero del mundo para convertirse en el supermercado del mundo, que se convirtió en el leit motiv de la era Macri, tuvo un principio de consagración en AlimentAr, que se concretó esta semana en Tecnópolis. Un gran evento “B2B”, es decir, de negocios entre empresas, más que una exhibición de la enorme oferta de productos argentinos y de los países vecinos.

Aliment.Ar es un verdadero salto cualitativo. Un enorme éxito conceptual. Hace unos años el pensamiento económico predominante había instalado la idea de que la palanca del desarrollo era la “industria pesada”, o los “sectores básicos” (petróleo, petroquímica, etc). Cundía la muletilla del “acero vs. caramelos”, con cierto tufillo burlón para quienes creían(mos) en el desarrollo a partir de las ventajas competitivas en torno al sector agroalimentario.

Pero la realidad siempre se rebela, dice Jorge Castro. Llegó la Segunda Revolución de las Pampas con su abanderada la soja. En apenas veinte años, pasó de curiosidad botánica a curiosidad económica: hoy la Argentina es viable porque hay un piso de 20.000 millones de dólares anuales de flujo competitivo.

No es extraño entonces que la Unión Industrial Argentina esté presidida por un hombre de la agroindustria. Y que la Copal, la entidad que agrupa a las principales empresas de alimentos de la Argentina (en un 90% pymes de un conglomerado multicolor) sea uno de sus brazos fuertes.

Ahora vamos por más. Pensar en alimentos procesados pululando en las góndolas del mundo es un horizonte tentador. Nadie cuenta con los insumos básicos en semejante abundancia y calidad. Es una excelente plataforma para atraer inversiones, generar empleo y agregar valor.

Pero no debe implicar un menoscabo a la actual canasta exportadora, integrada fundamentalmente por insumos básicos (granos y productos del complejo agroindustrial sojero). Y otros con mayor valor agregado, aunque en el imaginario colectivo –e incluso en la conceptualización de varios expertos—aparecen como “productos primarios”. Por ejemplo, las carnes, que son productos de “segundo piso” porque, precisamente, se obtienen a partir de granos forrajeros y harinas proteicas de origen vegetal (harina de soja).

El gran desafío es lograr que la competitividad que alcanzó el complejo sojero se mantenga en el eventual down stream. Y la gran pregunta es por qué, a medida que avanzamos en el grado de elaboración, se va escurriendo la ventaja competitiva en un agónico goteo. En los foros que acompañaron las rondas de negocios de AlimentAr, este fue el telón de fondo. Infraestructura, impuestos, régimen laboral. Es la tarea del Estado, que no está para “marcar la cancha”, como dijo algún funcionario, sino para facilitar los negocios.

Estado facilitador es el de las negociaciones internacionales, el de la lucha contra el proteccionismo, que a pesar de lo que parecía haberse avanzado, muestra sus propios brotes verdes. El lobby agroindustrial de los países desarrollados cobró fuerza y se expresó con gruesos trazos de evidencias en las trabas al biodiésel, la mala noticia del momento. Todo el mundo quiere llevarse el trabajo a su casa y en eso están los estadounidenses de la era Trump, los europeos y los inefables chinos.

Pero por el lado positivo aparecen los avances en la relación Mercosur-UE, con la presencia del vicepresidente europeo en el país, quien se reunió con el Canciller y el propio presidente Mauricio Macri. Negociaciones clave, a la hora de generar una plataforma que nos permita avanzar con la idea de avanzar hacia la góndola. Porque, aunque la mayor parte depende de nosotros, los contrarios también juegan.

 

"Un presente griego para Etchevehere"

Editorial de Héctor Huergo   en Clarín Rural del 4 se noviembre de 2017


Flaco favor le hizo el gobierno al recién nombrado Ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere. Antes de asumir, recibió un presente griego: impuestos a varios productos clave para las economías regionales (azúcar y vinos en particular), y un castigo letal para la industria de los biocombustibles.

El gobierno sabe que nunca va a tener más poder que en los primeros días del resonante triunfo electoral, y la angustia fiscal impuso su impronta. Los tiempos políticos no consideraron el matiz del recambio ministerial. Respira aliviado Ricardo Buryaile, el ministro saliente. Sus ex pares de Hacienda y Energía estarán pensando “el primer chico en casa”.Y Etchevehere tendrá que lidiar, de entrada, con una pesada mochila: los grandes temas del sector se definen en otras áreas. ¿Podrá revertirlo? ¿Querrá? Su principal capital es su excelente relación con el presidente Mauricio Macri. Tendrá que consumir parte de sus cartuchos en una batalla inesperada. Sabe también que no tiene el as de espadas para dar vuelta la mano.

En el caso del vino y el azúcar, el paquete vino con un moño inesperado: los comentarios justificando la gabela con el argumento de lo saludable, con lo que más allá de que la medida avance en el Congreso (difícil), ya se infligió un severo daño a ambas cadenas. Si los impuestos prosperan, el castigo será doble. Al impacto directo en el consumo generado por el encarecimiento, se suma el efecto de una campaña implícita en los dichos de encumbrados funcionarios de Economía.

Es además muy peligroso que se eche mano a argumentos de salud pública para encubrir el afán(o) recaudatorio. Una cosa es hacer campaña contra el abuso de ciertos alimentos y bebidas desde las áreas pertinentes, y otra es que desde Hacienda se apostrofe contra el consumo de vino o bebidas azucaradas.

¿Por qué no meterle un impuesto a la hamburguesa en nombre del colesterol? Más ideas: tasa a la harina y sus derivados, porque Cormillot dice que engordan. Otra al kiwi porque es alergénico para algunos. Gravar la batata porque produce flatulencias calientes, y a la papa frita porque es peor que la papa hervida. A la milanesa de soja porque viene con genes.

A los azucareros les pegó por partida doble. Además del castigo fiscal, está la rebaja brutal del precio del etanol: un 15% ahora y otro 15% dentro de tres meses al proveniente de la caña de azúcar, y un 22% al que viene del maíz. Recordemos que el maíz es también la materia prima del jarabe de fructosa, que compite con el azúcar de caña como edulcorante de las bebidas cola.

Una doble Nelson que se inscribe en el persistente esfuerzo por destruir la industria de biocombustibles, que había sobrevivido en la angustiante selva K. Para completar el apriete, también se redujo un 4% el precio del biodiésel para el mercado interno, castigando a decenas de pymes del interior que lo abastecen.

Y todo apenas una semana después del apurado aumento del 10% en los combustibles en surtidor el primer día luego del triunfo electoral. También hubo rumores acerca de un posible aumento de las retenciones a la exportación de biodiésel, como forma de “superar” el conflicto con EE.UU. Sería terrible.

Recibí estas noticias cuando me bajaba del avión, volviendo de Turín, donde FPT Industrial (empresa de CNH) presentaba una línea de motores a gas. La “prima donna” era su futurista tractor a biogás, una vuelta de tuerca en el objetivo de un mundo de menos emisiones y con una matriz de energía y combustibles más abierta y diversificada. El biogás implica la valorización de residuos de explotaciones intensivas (bosta) y de cultivos energéticos, en particular el maíz para silo.

Veremos en los próximos días si estos temas formarán, o no, parte de la agenda del flamante ministro de Agroindustria.

El letargo del "yuyo"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 27 de octubre de 2017

En la Argentina, los rindes sojeros se estancaron en las últimas campañas y se invierte poco en fertilización.

En un reciente artículo, el prestigioso Financial Times colocó a la soja en el centro de la escena. Bajo el título “El grano del siglo XXI”, le destina una amplia cobertura, explicando que el driver de la expansión es la transición dietética que experimenta la República Popular China y otros países asiáticos. La mejora en los ingresos y el fenómeno de la urbanización motorizan un mayor consumo de proteínas animales. Y éstas se producen echando mano a una fuente de proteína vegetal, hoy insustituible, que es la harina de soja.

 

Es una gran noticia para la Argentina, que sigue ocupando el tercer lugar en el podio global de los productores de soja, detrás de Brasil y Estados Unidos. Sin embargo, la buena nueva se empaña cuando miramos la performance comparativa entre los tres grandes “players”. Estamos perdiendo posiciones, claramente.

 

Mientras Estados Unidos y Brasil siguen expandiendo la producción, combinando el aumento de la superficie y de los rendimientos, aquí estamos estancados. Y es probable, casi seguro, que en la próxima campaña habrá un achique considerable: quizá unas 3 millones de toneladas, fruto de una caída de la superficie de aproximadamente un millón de hectáreas.

Es cierto que la recuperación del área con cereales, como el maíz y el trigo, es una de las causas de esta reducción. También hay pérdida de área como consecuencia de las inundaciones en el oeste de la pampa húmeda. Pero estos fenómenos no deben hacer perder de vista un hecho mucho más grave: se han estancado los rendimientos.

 

Mientras en los Estados Unidos la tendencia del rinde a nivel nacional está creciendo a un ritmo de casi un quintal por hectárea y por año, aquí perdimos viento. Aquí, entre la revolución de la RR (Nidera) y los grupos 4 (Don Mario), cuando despuntaba el siglo XXI los rindes subían con saltos de 2 quintales por año. En cinco años pasamos de 1,8 a 2,8 toneladas por hectárea. Pero a partir del 2010 no pasó gran cosa.

 

Esta semana, la organización Fertilizar presentó un trabajo que puso el acento en una de las causas del fenómeno. La falta de una adecuada nutrición del cultivo de soja tiene un impacto sensible en esta flojera. Se está usando la mitad del fósforo y el azufre que requiere la simple reposición de lo que se lleva cada tonelada de soja, afectando no solo los rindes sino la remanida cuestión de la sustentabilidad.

 

Lo más paradójico es que la relación insumo/producto es favorable. La soja devuelve con 450 kg adicionales cada hectárea correctamente fertilizada. Son 120 dólares, frente a un costo de 40. Tres a uno.

Puede argumentarse que están las retenciones, hoy en el 40%. Correcto: si no existieran, ese 3:1 pasaría a 4:1. No es moco de pavo. Ayudaría a romper la barrera que se autoimponen los más remisos. Algún día habría que calcular el extraordinario lucro cesante que, a nivel nacional, está generando la falta de una solución más imaginativa para sustituir los derechos de exportación por el impuesto a las ganancias.

Lo que más afectan es, precisamente, la relación insumo/producto, generando un claro sesgo anti tecnológico. El Estado se lleva 500 dólares por hectárea, diez veces más de lo que el productor necesita para abonar el cultivo. La falta de fósforo no está tanto en el suelo como en el cerebro. La soja es el principal producto de la economía, 20.000 millones de dólares de exportaciones. El estancamiento nunca será gratis.

 

Pero lo concreto es que el productor parece haber alcanzado una especie de estado de confort con esos 3.000 kg/ha que cualquiera logra sin mucho empeño. El tema que impregna todo es el (para nada menor) de las malezas tolerantes. Y el de la “agricultura por ambientes”.

 

Son estrategias necesarias, pero defensivas. El “yuyo”, tan golpeado, padece el letargo. Hay que volver a la mística de hace veinte años, aquél vértigo de la carrera de los rindes. Y volver a pelear la punta.

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